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Mientras veía esta serie de lecciones de vida de un entrenador, me di cuenta de que no pensaba solo en deporte. Ni siquiera en liderazgo (al menos no en el sentido tradicional). Estaba pensando en personas. En equipos. En momentos concretos en los que el éxito no depende tanto de una estrategia brillante, sino de cómo nos tratamos cuando la presión aparece y de la cultura de equipo que construimos día a día en nuestras organizaciones.

Y me hice una pregunta que quiero lanzar desde el inicio de este artículo:
¿Alguna vez has liderado, o formado parte de un equipo donde todo estaba “bien” sobre el papel, pero algo no terminaba de funcionar entre las personas?

Uno de los capítulos que más me tocó fue el de Doc Rivers, cuando era coach de los Boston Celtics y los llevó a ganar el campeonato de la NBA.

No porque esté lleno de grandes discursos épicos, sino porque habla de algo mucho más cotidiano y difícil: cómo nos paramos frente a la dificultad como líderes y como equipo, y cómo eso moldea la cultura del equipo y las dinámicas de trabajo dentro de una organización.

 

Lecciones sobre cultura de equipo que van más allá del deporte

Hay varias “normas” de su libro de juego que se me quedaron grabadas.

La primera es clara: no seas una víctima.
Asumir responsabilidad por lo que nos toca vivir, sin excusas ni delegar culpas.

Otra aparece casi como un recordatorio constante: la presión es un privilegio.
Si hay presión, es porque hay compromiso y posibilidad. Huir de ella sería renunciar a eso.

Luego, la persistencia. El paso a paso.
No obsesionarse con el resultado final, sino enfocarse en la siguiente acción pequeña, en lo que sí está en nuestras manos ahora.

Pero hubo una que me atravesó de una forma distinta.

No fue una regla. Fue una palabra: Utumbu. “Yo soy porque nosotros somos” (umuntu ngumuntu ngabantu).

Una filosofía africana cuya esencia atraviesa cada historia: ¡líderes que entienden que nadie llega lejos solo y que la humanidad no es un extra del liderazgo, sino su base! En otras palabras, un liderazgo humano que pone en el centro a las personas y la forma en que construimos equipo.

 

Un ser humano solitario es una contradicción

Hay una idea de Ubuntu que me impactó especialmente: un ser humano solitario es una contradicción.

Vivimos en una cultura que celebra al individuo fuerte, autosuficiente, el que “no necesita a nadie”. Pero Ubuntu dice lo contrario: aprendo a ser humano a través de otros seres humanos.

Aprendo a escuchar porque alguien me escucha.

Aprendo a liderar porque alguien confía en mí.

Aprendo a cuidar porque alguien me cuidó antes.

Y entonces pensé en cuántas veces, como líderes o como miembros de un equipo, actuamos como si la vulnerabilidad fuera una debilidad, cuando en realidad es el lugar donde se construyen las verdaderas relaciones humanas en el trabajo.

 

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Interconectados, incluso cuando no lo notamos

Ubuntu parte de una verdad sencilla y profunda: nuestra humanidad está compartida. Lo que soy está inevitablemente conectado con lo que somos.

Piensa en tu propio equipo: ¿alguna vez tuviste un mal día y alguien sostuvo el ánimo del grupo? ¿O fuiste tú quien cargó con más peso para que otros pudieran respirar?

Eso también es liderazgo. Aunque no salga en ningún organigrama. Es liderazgo y trabajo en equipo en su forma más auténtica.

En The Playbook vemos entrenadores que entienden esto: no dirigen solo desde la autoridad, sino desde la relación. Practican la empatía en el liderazgo, saben que cada persona importa y que cuando alguien cae, el impacto se siente en todo el sistema.

Cuando entendemos que cada experiencia individual impacta en el colectivo, también comenzamos a mirar el trabajo desde la experiencia del colaborador.

 

Empatía, respeto y el coraje de cuidar

Ubuntu pone la empatía en el centro. No como un gesto romántico, sino como una forma valiente de estar en el mundo: practicar el respeto, la hospitalidad, la generosidad. Cuidar los vínculos incluso cuando hay conflicto.

Piensa en el último conflicto que viviste en un equipo: ¿tu objetivo era ganar la discusión o cuidar la relación?

Nelson Mandela es uno de los grandes ejemplos de Ubuntu en acción: elegir la reconciliación por encima del resentimiento. Y aunque nuestros conflictos cotidianos no sean históricos, el principio es el mismo: sin relaciones sanas, sin relaciones humanas en el trabajo basadas en respeto, no hay futuro sostenible ni equipo que perdure.

 

Ganar juntos o no ganar de verdad

Otro pilar fundamental de Ubuntu es la mentalidad win-win. No crecer a costa del otro, sino crecer con el otro.

Desde esta mirada, el crecimiento de otro no me amenaza: me fortalece. Cuando alguien brilla, el equipo se refuerza. Así se consolida el verdadero liderazgo y trabajo en equipo.

En The Playbook, los líderes que más me marcaron no son los que imponen miedo o control absoluto, sino los que crean sentido de pertenencia. Los que hacen que cada persona sienta: “importo, incluso cuando fallo”. Eso es liderazgo humano en acción.

 

Ubuntu en la vida cotidiana

Ubuntu nos recuerda algo esencial: mi bienestar está profundamente ligado al bienestar del colectivo. Y quizá por eso The Playbook es tan comentada: porque, más allá del deporte, habla de cómo queremos vivir, trabajar y liderar desde lo humano.

Al final, la pregunta no es solo qué tan buenos somos individualmente. La pregunta verdadera es otra:

¿Qué tipo de “nosotros” estamos construyendo con la forma en que lideramos y nos relacionamos cada día?

 

El “nosotros” que elegimos construir

Si te interesan estos temas sobre cultura de equipo, liderazgo humano y relaciones humanas en el trabajo, te invitamos a descubrir más contenidos en el blog de Apprecio para seguir profundizando en cómo construir equipos más humanos, comprometidos y sostenibles.

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Sandra Rodriguez Munar - CBO
Por Sandra Rodriguez Munar - CBO
19 - febrero - 2026
Periodista con Máster en Dirección Comercial, Marketing y Ventas. Más de 15 años de experiencia en Marca, Marketing de Loyalty, Comunicaciones y Relacionamiento público