En un mundo donde las transacciones parecen haber desplazado el verdadero valor de las relaciones humanas, quiero hacer una pausa y detenerme un instante para recordar lo esencial: las conexiones auténticas, aquellas que se arraigan en lo emocional. Porque al final del día, son las relaciones las que dan sentido a nuestra vida, ya sea en la pareja, la familia, los amigos o el trabajo.
No soy un gurú de las relaciones, pero tras más de 20 años explorando cómo impactar la cultura de las organizaciones, he llegado a la conclusión de que las relaciones son el motor de nuestra existencia. Nos movilizan, nos inspiran y nos hacen trascender. Desde Plurum, firma de consultoría de la cual soy fundador, promovemos prácticas intencionales para construir conexiones más significativas y por esto hoy quiero compartirte cuatro caminos que pueden ayudarte a fortalecer tus relaciones, tanto en lo personal como en lo profesional.
- Sirve, agradece y reconoce: Las relaciones florecen cuando damos sin esperar nada a cambio. Servir de manera genuina crea lazos profundos y auténticos. En este proceso, reconocer los hitos, las transiciones y las caídas de los demás, refuerza el vínculo y motiva a seguir adelante. Y cuando agradecemos desde el corazón, generamos un efecto multiplicador: inspiramos a los demás a hacer lo mismo, creando un ciclo virtuoso de cuidado y conexión genuina. El verdadero liderazgo no es el que manda sino el que sirve.
- Activa los autos: No podemos ofrecer lo que no tenemos. Cultivar relaciones de calidad empieza por nosotros mismos: autocuidado, autoconocimiento, autoaceptación. Al trabajar en nuestro bienestar, estamos en mejor capacidad de aportar valor a quienes nos rodean. Ser nuestra mejor versión es el punto de partida para generar impacto positivo en los demás. Si no tomamos decisiones por nuestra felicidad, es posible que la vida las tome por nosotros y no siempre nos van a gustar.
- Suelta el control: En la construcción de relaciones significativas, el control es un espejismo. No podemos predecir ni manejar cada interacción, pero sí podemos elegir confiar, fluir y valorar la relación en su imperfección. Aceptar lo incierto nos permite experimentar los vínculos con mayor libertad y autenticidad. En un mundo donde la desconfianza está normalizada, construir relaciones basadas en creer en el otro se convierte en un superpoder.
- Elige y renuncia: Cada elección implica una renuncia. No podemos tenerlo todo, pero sí podemos definir qué es verdaderamente importante para nosotros. La teoría de la elección de William Glasser nos recuerda que, aunque estamos rodeados de influencias externas, la manera en que actuamos, pensamos y sentimos depende solo de nosotros. Elegir con intención y establecer límites nos ayuda a cultivar relaciones más sanas y alineadas con nuestros valores.
- Diviértete: La vida no se trata solo de responsabilidades, también es necesario hacer espacio para la desconexión, la sorpresa y la risa. Encontrar momentos para disfrutar lo simple, salir de la rutina y conectar con lo que nos apasiona no solo nos revitaliza, sino que también fortalece nuestros lazos con los demás. La diversión es un ingrediente esencial en cualquier relación duradera, sin diversión no hay resultados.
Quiero cerrar con una frase de un maestro del management, Tom Peters, “Siempre han sido las relaciones, son las relaciones y serán las relaciones”. Al final, las relaciones no son transacciones, si cultivamos estos caminos con intención, podremos construir lazos más sólidos y significativos en cada aspecto de nuestra vida y rescatar y cuidar nuestra humanidad, que dicho de paso es lo que nos hace únicos en un entorno donde lo artificial pareciera imponerse.
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RR.HH
12/mar/2025